Me miraste, te miré
y entonces entendí...
que todo había cambiado,
tanto tú, como yo.

Vi como te alejabas,
con cada paso un poco más,
vi como pasaban las horas,
cada segundo, otro momento que se va.

Entonces, me miré al espejo
y vi los ojos de cristal,
brillantes como la luna,
pero sin nada que expresar
y entendí que no volverías
jamás...